Cómo ChatGPT está obligando a las universidades a replantearse sus métodos de examen

EDUCACIÓN – En Lyon, en Estrasburgo… Se han detectado varios casos de trampas entre estudiantes desde la llegada de ChatGPT. Lanzado en noviembre de 2022 por la empresa OpenAI, este agente conversacional, capaz de generar texto a partir de preguntas sencillas, está generando tanto interés como preocupación. Tanto es así que el ámbito educativo se encuentra inmerso en debates sobre la inteligencia artificial y considera necesario revisar sus métodos de evaluación.

“Los estudiantes deben demostrarnos que han aprendido algo y que han alcanzado el nivel de competencia esperado”, explica Sophie Kennel, vicepresidenta adjunta para la transformación educativa de UNISTRA, la Universidad de Estrasburgo, donde se publicitó ampliamente un caso de trampa. “Este contrato se rompe cuando los estudiantes hacen trampa con ChatGPT. Solo demuestran que saben cómo usarlo”, opina.

Mientras los estudiantes implicados, que habían utilizado el chatbot durante un cuestionario de opción múltiple (MCQ) a distancia, tuvieron que volver a presentar su examen de forma presencial, UNISTRA organiza en abril un seminario con diversos actores universitarios para reflexionar sobre cómo adaptar los métodos de evaluación a la IA.

“Uno de los mayores retos del aprendizaje es que los estudiantes sean capaces de estructurar su pensamiento y tener un juicio crítico. Con ChatGPT, cuando se usa como principal recurso, no se logra eso. El riesgo es que no piensen y no contrasten fuentes”, considera Sophie Kennel, quien recuerda que los profesores siempre han enfrentado nuevas formas de aprendizaje: “Es parte de nuestro trabajo adaptarnos. Para evitar que los estudiantes se sientan tentados a hacer trampa, necesitamos exámenes que lo impidan, de una forma u otra.”

Cambiar métodos de examen

Sciences Po París fue la primera escuela francesa en anticiparse al problema prohibiendo el uso de ChatGPT, sin mención explícita, en la realización de evaluaciones escritas u orales. Consultada por HuffPost, la dirección del establecimiento asegura que ha iniciado un debate sobre el uso de la inteligencia artificial.

“ChatGPT plantea cuestionamientos a quienes participan en la educación e investigación en todo el mundo sobre los métodos de enseñanza, transmisión y evaluación. (…) Por eso, Sciences Po ha preparado guías y fichas técnicas para que los docentes integren la IA en la preparación de cursos, las actividades educativas o los métodos de evaluación”, indica la dirección.

De hecho, ChatGPT puede influir en el lugar y formato del examen. Aunque el chatbox no impacta en el desarrollo de ciertas evaluaciones (como exámenes en papel), sí lo hace en las tareas. Para contrarrestarlo, Sophie Kennel sugiere, por ejemplo, incluir “más criterios sobre originalidad en una tarea, pidiendo a los estudiantes que fundamenten su respuesta con su experiencia personal”.

Sin embargo, Eirick Prairat, profesor de filosofía de la educación en la Universidad de Lorena, señala que “algunos ya consideran que las tareas hechas en casa son un método de evaluación ‘obsoleto'”.

“Por lo tanto, los profesores deberían optar por otros tipos de evaluación, como cuestionarios de opción múltiple cronometrados o exámenes orales con tiempo limitado. Pero esto representa una reducción increíble del espectro”, critica. “Estas dos modalidades dependen de la velocidad. Pensar, definir, desarrollar y argumentar son habilidades importantes que requieren tiempo. Disertaciones, tesis… se hacen en casa”, recuerda.

“Proteger los exámenes”

Eirick Prairat propone reforzar la vigilancia de los estudiantes y exámenes: “Cuanto más sofisticada sea la trampa, más sofisticada debe ser la respuesta tecnológica.” Propone algunas soluciones: “Ya podemos bloquear el entorno de trabajo de los estudiantes, restringir el acceso a ciertas aplicaciones. También existen plataformas de revisión en línea.”

Pero, aunque debemos “proteger los exámenes”, para el profesor de filosofía, tampoco deberíamos caer en “un mundo de control” a riesgo de desmoronar la confianza

“El profesor debe renunciar al control absoluto para permitir que el alumno se desarrolle y se sienta competente. Si esta confianza se rompe, ya no hay una relación de enseñanza”, advierte Eirick Prairat. Sin embargo, para Sophie Kennel, el riesgo es mínimo. “Siempre ha habido trampas. Siempre hemos monitoreado los exámenes porque esta confianza nunca ha sido total. Nunca lo fue.”

Por eso existen sanciones para quien haga trampas. Según Théo Clerc, abogado especializado en derecho educativo, la tecnología siempre ha influenciado las sanciones en las universidades. “El software de IA podría ser objeto de regulaciones internas que castiguen su uso en exámenes, pero también en cursos y trabajos”, opina. Sin embargo, la caracterización legal de hacer trampas mediante ChatGPT aún está en debate.

“Podría sancionarse como el uso no autorizado de un ordenador o una calculadora. Sería un fraude clásico. Aunque la jurisprudencia aún no se ha definido, parece rechazar la idea del plagio. No se puede plagiar a la inteligencia artificial. ChatGPT no tiene derechos de autor. Aunque, de hecho, algunas escuelas y universidades aún lo consideran plagio”, explica.

Sanciones y concienciación

¿Qué riesgos corre el estudiante? En caso de fraude, “las sanciones más comunes en la universidad son la expulsión del establecimiento y la prohibición de presentarse a exámenes durante uno o dos años, ambas suspendidas”, detalla el abogado. En un proceso penal, por cualquier título estatal, la pena máxima es de 3 años de prisión y una multa de 9.000 euros. Pero estos procesos solo se inician “en casos de fraude masivo”.

Pero limitar las trampas también implica concienciar sobre la inteligencia artificial. Según Laurence Devillers, profesora de informática aplicada a las ciencias sociales en la Universidad de la Sorbona, ChatGPT también es una mala herramienta para hacer trampas: “Es un sistema que puede dar respuestas muy absurdas. No razona lógicamente. Es una máquina que revela clichés. Comete errores obvios para nosotros.”

Por tanto, es esencial educar a los alumnos y estudiantes sobre ChatGPT. “Los profesores se acostumbrarán rápidamente al tipo de respuestas de este sistema. Si no tuvieron problemas para detectar ChatGPT en su primera versión, puede ser más complicado con versiones futuras”, considera la profesora, quien desea que la nueva generación se interese por ChatGPT. “Debemos mostrarles a los estudiantes que serán descubiertos.”

¿Cómo? “Haciéndoles descubrir las capacidades de la herramienta y trabajar en estos informes para que no la utilicen meramente como consumidores”. Una perspectiva crítica que permitiría a los estudiantes desarrollar sus propias habilidades de pensamiento en lugar de depender de una IA.

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