Google, Facebook, Amazon, Baidu… se desata la guerra por la influencia en la IA

En todo el mundo, los ingenieros especializados en inteligencia artificial (IA) están experimentando un período de efervescencia. Cada semana, sin falta, empresas como Microsoft, Google, Amazon o Baidu presentan alguna innovación. Todas ellas se apoyan en la tecnología Transformer, una red neuronal lingüística publicada como código abierto por Google en 2017, que se ha convertido en un estándar en el procesamiento automático del lenguaje. “Google descubrió una mina de oro y no la explotó”, opina Alexandre Lebrun, ex investigador de IA en Meta y cofundador de Nabla, un asistente médico. Según Sundar Pichai, CEO de Google, no avanzaron por el “riesgo reputacional” que implicaba.

Los errores mínimos pueden provocar una reacción negativa tanto en bolsa como en la opinión pública para estas compañías californianas. En 2016, Tay, el chatbot de Microsoft, fue retirado del mercado tras generar comentarios racistas. OpenAI, adoptando un enfoque más disruptivo que Google, desarrolló su chatbot Chat GPT a una velocidad impresionante. Fundada por prominentes figuras de Silicon Valley, la startup ha superado a Google en “la fase de alineación, en la cual entrenamos al robot y le enseñamos a interactuar adecuadamente con humanos”, comenta Yann Chevaleyre, investigador de IA en la Universidad Paris-Dauphine.

En febrero pasado, Microsoft realizó una inversión de diez mil millones de dólares en la startup, posicionándose al frente. Google reaccionó invirtiendo 300 millones de dólares en Anthropic, fundada por ex empleados de OpenAI. “Google está usando Anthropic como vanguardia”, indica Alexandre Lebrun.

El cambio estratégico de Facebook

Por otro lado, Amazon se introduce en este escenario algo tarde con el lanzamiento de Bedrock, su servicio de nube dedicado, a mediados de abril. Bedrock, disponible en versión preliminar para un selecto grupo de clientes, ofrece acceso a varias aplicaciones de inteligencia artificial generativa, incluyendo Anthropic y su chatbot Claude, así como AI21 Labs, una innovadora empresa israelí que desarrolló Jurassic-2.

Mientras tanto, Meta avanza de forma más discreta. La empresa dueña de Facebook, WhatsApp e Instagram anunció que su IA generativa estará disponible en diciembre. Mark Zuckerberg ha reorientado su enfoque del metaverso hacia la IA. “Cada uno de los gigantes tecnológicos estadounidenses busca desarrollar su propia IA para potenciar su modelo, ya sea en redes sociales para Meta, en software profesional para Microsoft o en distribución para Amazon”, señala Isabelle Galy, directora de la Casa de la Inteligencia Artificial en Sophia Antipolis.

Cooperación tecnológica china

La competencia no se limita a Estados Unidos. China aspira a ser líder mundial para 2030. Beijing prohibió rápidamente Chat GPT poco después de su lanzamiento. El entusiasmo por la IA ha incentivado a las empresas chinas. Baidu, el equivalente chino de Google, lanzó su chatbot Ernie Bot en marzo. Alibaba presentó el M6, un modelo multimodal. SenseTime, la mayor empresa de IA de China, Tencent, creador de WeChat, y Huawei también están en la carrera.

China cuenta con varios activos, incluidas las inversiones masivas del Estado en IA y acuerdos de cooperación científica y tecnológica con casi un centenar de países, incluida la Unión Europea, lo que facilita la entrada a nuevos mercados, según Caroline S. Wagner, profesora especializada en políticas públicas vinculadas a la tecnología y la innovación en The Ohio State University. La demanda interna robusta y su población de 1.400 millones de personas también impulsan la innovación, reduciendo el riesgo de incidentes diplomáticos, señala Aifang Ma, autor del informe “Inteligencia artificial en China: situación actual”, publicado por el think tank Fondapol.

Además, China posee una ventaja para superar las limitaciones lingüísticas del GPT-4: las imágenes y metáforas de los poemas chinos aún son un desafío para los chatbots estadounidenses.

Las startups europeas están tomando cartas en el asunto.

Muy detrás de China y Estados Unidos, Europa intenta responder. Francia es reconocida a nivel internacional por la excelencia de sus escuelas de ingeniería y alberga a figuras destacadas como Yann Le Cun, jefe científico de IA en Meta, o Luc Julia (autor en Challenges), director científico del grupo Renault. “Contamos con talento, pero no con los mismos recursos económicos que Estados Unidos”, expresa François Yvon, especialista en procesamiento automático del lenguaje del CNRS.

Un ejemplo claro: para desarrollar Chat GPT, OpenAI habría utilizado 10.000 tarjetas gráficas Nvidia (de alto costo). “En el mismo lapso, la infraestructura informática francesa apenas disponía de alrededor de 1.500”, señala. En ausencia de gigantes, las startups europeas se están uniendo a la contienda.

“Europa se distinguirá por desarrollar modelos punteros basados en robots generales”, anticipa Stephan Wirries, socio de Ventech, una firma de inversión parisina. Según él, la IA generativa “se popularizará mucho más rápido de lo que imaginamos”. De hecho, varios expertos del sector solicitan un impulso europeo significativo frente a los colosos norteamericanos y chinos.

“Esta tecnología está lejos de ser neutral”, alerta Laurence Devillers, profesora de informática en la Sorbona de París. Porque más allá de una mera guerra digital, se juega una cuestión de soberanía cultural. Un modelo lingüístico equivale a una “representación del mundo”, sostiene Isabelle Galy: “Si los modelos no se construyen a partir de nuestros propios datos, la historia de Francia será reescrita según datos y valores estadounidenses”.

El riesgo es “ser colonizados culturalmente por los estadounidenses”, advierte. Tras ser sobrepasados por la ola de Internet, los europeos ya saben qué esperar.

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